domingo, 19 de junio de 2016

Introducción

LA FONOLÓGICA Y LA SILÁBICA EN LOS NIÑOS


Este trabajo se inscribe dentro de los planteos sobre la “conciencia lingüística” y la metacognición provenientes de campos de investigación como la Fonética Experimental, la Psicología Cognoscitiva y la Lingüística. Estos planteos parten del análisis de la relación entre percibir el habla y leer. Algunos investigadores (Liberman, 1971; Mattingly y Ravanagh, 1972; Rozin y Gleitman, 1977) han enfatizado la dependencia de la lectoescritura del habla, pues consideran que leer es una actividad parasitaria al habla. Mattingly (1972) caracteriza la diferencia entre percibir el habla y leer en términos de actividad lingüística “primaria” y “secundaria” respectivamente. Considera que mientras las actividades lingüísticas primarias –producir y percibir el habla– son naturales y se desarrollan sin que medie una instrucción directa, las secundarias, como leer y escribir, se aprenden mediante una enseñanza sistemática y requieren “conciencia lingüística”. La conciencia lingüística implica tener acceso a la estructura gramatical de la lengua1 (Mattingly, 1980). Para comprender este planteo debemos recordar que toda escritura representa una lengua. Los sistemas de escritura representan unidades lingüísticas: el sistema logográfico representa morfemas (unidades mínimas de significado); el sistema silábico, sílabas, y el alfabético, fonemas. Estas unidades no se presentan como segmentos discretos en el continuo acústico del habla ya que los segmentos físicos no guardan una relación uno a uno con las unidades del análisis lingüístico.

Ejemplos:






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